Reflexiones

Reflexiones

Mayo/2008
¿POR QUÉ CAMBIAMOS CUANDO TRABAJAMOS?
Noemi Galindo, Directora de EKA

El ser humano es por definición un ser social. Aún hoy, en una época que se caracteriza por un creciente individualismo en el estilo de vida, todas las personas necesitan pertenecer a algún grupo. Este constituye una fuente de identificación y de intercambio afectivo e intelectual. Se forma un grupo de referencia con los compañeros con los que se aprendió a jugar al golf, los amigos con los que habitualmente se comparte los viajes vacacionales, los padres de alumnos del colegio de los hijos, la asociación para la celebración de festejos locales, la defensa de intereses medioambientales o la afición compartida con otros por cualquier disciplina artística. A medida que la vida en la ciudad potencia el anonimato y la distancia interpersonal, las personas han de compensar su necesidad de intercambio social integrándose en algún tipo de comunidad.

La empresa juega un papel fundamental en la identificación social del individuo. Las personas que realizan un trabajo de jornada completa pasan gran parte de su tiempo en contacto con sus compañeros más próximos. Por lo general, su jornada laboral duplica el tiempo que dedican a la familia, amistades y ocio. Posiblemente por esto, el grupo de trabajo adquiera un significado central en la identidad del individuo y una influencia notable en su vida. Se dan múltiples y curiosas pruebas de ello. Los médicos mantienen su atavío de bata y fonendoscopio para ir a desayunar a la cafetería del hospital, porque así se identifican y son reconocidos dentro de su grupo de referencia. Los voluntarios de una ONG que colabora en la prevención y extinción de incendios acaban por compartir una ideología comprometida, sólida y combativa hacia el medioambiente. Los jóvenes empresarios se agrupan para paliar su soledad, conseguir ciertos beneficios y sinergias, y sobre todo, para crear una nueva imagen de sí mismos, los emprendedores.

Estos son sólo algunos ejemplos de cómo el trabajo, en tanto que nos hace pertenecientes a un determinado grupo de referencia, condiciona nuestra forma de ver el mundo y nuestra personalidad. La pregunta que nos hacemos es, ¿cómo se desencadena esta influencia? A lo largo del siglo XX se desarrollaron ciertas teorías muy efectivas a la hora de explicar cómo el grupo influye en el individuo. A continuación describiremos algunas de las que más han contribuido a entender estos procesos:

De estos experimentos se llegó a conclusiones muy importantes acerca de como los grupos generan ciertas normas, surgidas de forma implícita del comportamiento de sus miembros, y de la dificultad de actuar en contra de ellas. El ser humano en su necesidad de integración social, necesita compartir criterios, opiniones y comportamientos que le hagan sentirse miembro perteneciente al grupo.

Nuestra experiencia dentro de las organizaciones nos demuestra como las personas que se oponen significativa y activamente a la mentalidad y a las normas, terminan por abandonar la empresa. No es preciso una identificación completa, pero si en cierta medida. Parece que la presión del grupo trata de acercar a los individuos para obtener su acuerdo con la mayoría; a su vez el individuo necesita sentirse parte del grupo y mantener una posición de proximidad que le proporcione por un lado la confirmación de su carácter de miembro aceptado, y por otro, le evite soportar la presión que se derivaría de una posición divergente. Mantener una opinión contraria a la de la mayoría resulta social y psicológicamente muy costoso, por lo que finalmente se produce la adaptación del individuo o su salida del grupo.